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lunes, 30 de mayo de 2011

No todo va a ser sonreír siempre.

The touch of your hand says you'll catch me whenever I fall. Yo también creía en esa frase, es lo que pasa cuando estás enamorada, cuando sientes que otra persona también lo está. Es lo que sucede cuando ves esa luz en sus ojos que también está en los tuyos. Cuando te dice que te quiere, cuando te lo demuestra, y le crees. Pero de pronto algo hace que toda esa magia se rompa, y junto a ella se rompe también algo en tu interior. Y ese amor es tan fuerte que el dolor es duradero, un mes, dos, tres, seis...y parece que nunca va a dejar de dolerte. Por todos los momentos, por cada segundo, algo que te hace sentirte peor. Cuando le ves, y parece no verte, te ignora, sientes que el mundo se te viene encima. Porque parece que no va a haber ningún otro que te haga sentir así, completa, feliz, querida. Esos momentos en los que deseas con toda tu alma que el tiempo se detenga, que esa felicidad sea eterna, que no acabe nunca. Pero el tiempo sigue su curso, y de pronto ves ese final que tanto temías. Es un final lleno de lágrimas, de dolor, de ausencia de aquel amor que tan bien te hizo sentir. Y cambias el te quiero por un te odio. Ese calor que sólo él te daba, ya no está, y sólo sientes el frío de la noche. Intentando llenar el vacío a base de alcohol, aunque al final siempre sea peor. Intentas aferrarte a una última esperanza con todas tus fuerzas, sonreirle cuando pasa por delante tuyo, no derrumbarte cuando está presente, reunir las fuerzas necesarias para que vea que eres feliz, aunque en realidad no lo seas. Te echo de menos.

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