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jueves, 5 de mayo de 2011
Te necesito.
En este momento hay seis mil millones de personas en el mundo. Algunas corren asustadas. Otras vuelven a casa. Algunas dicen mentiras para llegar al final del día. Otras simplemente están enfrentándose a la verdad. Algunos son hombres malvados en guerra con los buenos. Y algunos son buenos, luchando con los malvados. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces… todo lo que necesitas es una.
No es que sea el alcohol la mejor medicina, pero ayuda a olvidar cuando no ves la salida.
Queremos lo que no podemos tener. Y cuando lo tenemos, lo rechazamos, porque pensamos que en realidad no lo necesitamos, no nos hace falta, no lo deseamos, no lo amamos. Y de pronto, se va. Se va y te das cuenta de que no puedes vivir sin ello, de que se ha ido y sientes unas tremendas ganas de llorar. Que echas de menos su conversación de cada día, que echas de menos que le preocupe cualquier tontería que te ha pasado, que echas de menos que se ría de tus chistes malos, que echas de menos que te diga "Te quiero". Echas de menos todo sobre él, y te maldices a ti misma por haberlo dejado escapar, pero ya no puedes echar el tiempo atrás. Y lo hecho, hecho está. Aún así no puedes evitar pensar que en un futuro volverás a dejar escapar oportunidades como esas, y volverás a llorar, y a pasarlo mal de nuevo. Volverás a echar de menos escucharlo de sus labios. Te quiero. Te quiero. Te quiero.
lunes, 2 de mayo de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
Me cuesta respirar tu ausencia.
Siempre, vaya a donde vaya, haga lo que haga, escuche lo que escuche, pienso en ti. Generalmente se me pone una sonrisa idiota en los labios, que es rápidamente sustituida por una mueca de dolor. ¿Dolor? Sí, no hay otra definición para lo que siento. Como si cada bocanada de aire me costara un mundo, porque tú no estás para ayudarme a cogerla, porque tú no estás para ayudarme a respirar. Te echo de menos. A veces, camino por mi casa y siento que mi ropa huele a ti. Mis recuerdos vienen perfumados por tu olor, vienen acompañados siempre de tu sonrisa y de tus ojos. Cada vez que me acuerdo de tu risa me dan ganas de llorar, que absurdo, ¿No? Unos ríen, otros lloran. Y es siempre así. Mientras tú ríes y disfrutas de la vida como si yo no existiera, yo no hago más que pensar en ti, en todo lo que tiene que ver contigo, en los momentos pasados junto a ti. En nosotros. ¿Nosotros? ¿Qué nosotros? Yo únicamente veo un tú y un yo. Nuestro camino se ha bifurcado y cada uno debe seguir su vida, ¿No es así siempre? Y que me jodan si te quiero, ¿No? El amor es cosa de dos, si sólo una persona quiere a otra, sin recibir nada de ella, eso es amor no correspondido, y ese amor es amor sin derecho a exigir ningún trato de la otra persona. He intentado por todos los medios que nuestros caminos se volvieran a juntar, al menos en un camino de amisad, pero no he conseguido nada, ni siquiera ser amigos. Nada. ¿Cuantas veces me has dicho que me quieres? Incontables. Y de pronto, se acabó. No solamente no me quieres, sino que además no quieres saber nada más de mi, como auténticos extraños. Como si sólamente me conocieras de oír hablar de mi por ahí. Pero ambos sabemos que no es así. Nos conocemos, sí, y mucho además. Ha habido demasiados momentos, demasiados te quiero, demasiadas peleas y discusiones, demasiadas lágrimas derramadas. Y me he enterado de demasiadas cosas referentes a ti que preferiría no saber, demasiados secretos inconfesables. Y a pesar de todo, soy imbécil, y te sigo queriendo.
Pienso en ti día y noche y no sé cómo olvidarte.
Muchas veces he mandado a la mierda todo, muchas veces he dicho que no quería saber nada más de ti, un millón de veces he dicho que no volvería a pensar en ti. ¿El resultado? Nada. Sólo pienso en ti, día sí y día también. Desaparece de mi mente, por favor, no haces más que daño a tu paso. Lárgate.
domingo, 24 de abril de 2011
Dime una vez más que te gusto hasta enfadada.
Voy descubriendo poco a poco, que en esta vida no hace falta el dinero para conseguir la felicidad. Son los pequeños detalles los que te sacan una sonrisa cada día. Un pequeño gesto de alguien, una rosa, una carta, un mensaje...algo hecho con amor, que por pequeño que sea puede alegrarte el día más oscuro. Una simple palabra, dos, en realidad: Te quiero. Eso sí que te hace feliz realmente, aunque lo sepas, que te lo recuerde cada instante, que piense en ti, que quiera que lo sepas, que no le importe, que sea un pesado. Porque cuando no te lo recuerda, lo echas de menos, porque cuando te das cuenta de que no lo escucharás de nuevo de sus labios, sientes un enorme vacío, te falta una parte importante de tu día, te falta ese pequeño detalle, te falta aquello que antaño te hacía sonreir. Te falta él.
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